Categorías
Uncategorized

Jesús está en la barca

Los días de aislamiento nos dejan mucho tiempo pensar en cosas como:  ¿Qué sucede en el mundo, esta fuera de control?, y ni hablemos de mi salud ¿me voy a enfermar?, ¿está en peligro mi familia?, ¿qué va a pasar con mi trabajo, lo perderé?.

Y este tipo de pensamientos nos genera un sabor amargo en la boca, y es normal pensar esto porque, sino trabajo no voy a tener dinero para pagar mis cuentas pendientes, para alimentar a mi familia, para las deudas, la universidad y todo lo demás; y si me contagio o peor aún, alguien de mi familia se enferma, qué nos espera!

Como seres humanos siempre nos vamos a imaginar lo peor del futuro, porque tenemos esa tendencia a preocuparnos, a veces con justa razón, pero a veces no. Este estado de preocupación en nosotros sucede cuando todo parece estar fuera de control, de sentir que todo va bien y que todo sale como tiene que salir, sin imaginarnos que nuestro mundo se puede ir de cabeza de un día a otro.

Que fea esa incertidumbre de no saber que va a pasar con nuestra vida, familia, trabajo, estudio y cuando las cosas no salen como deberían, cuando todo esta fuera de control nos provoca una ansiedad indescriptible por la cual sufrimos.

En una ocasión los discípulos de Jesús estaban cruzando el mar, ellos tenían un plan, querían llegar a la otra orilla y fin de la historia. De repente comienza una llovizna que no paraba más, la barca empezó a tambalearse, agua entraba por todas partes, perdieron el rumbo al igual que la esperanza de sobrevivir, solo esperaban lo peor y lo sabemos porque uno de ellos en un grito de desesperación dice: “¡Señorsálvanos, que perecemos!” (Mt 8:25) y ahí estaba Jesús durmiendo plácidamente, se pueden imaginar a alguien durmiendo en medio de una tormenta, que todo el mundo grite y que no te mueva nadie, sin lugar a dudas Jesús tenía el sueño muy pesado.

Jesús se levanta, me imagino que aturdido no por lo voraz de la tormenta sino por los gritos de sus discípulos, ese grito de alguien que lo dio todo por perdido, de alguien que solo esperaba la muerte, y lo único que le queda es clamar a Jesús, y que en medio de la tormenta hizo lo imposible para sobrevivir, pero no pudo y recurre a Jesús al final, ya cuando no había esperanza, a ver si el maestro podía hacer algo.

Jesús se levanta y detiene lo imposible, sus discípulos se maravillan de aquel acto y se preguntan: ¿Quién es Este, que aun los vientos y el mar lo obedecen? (Mt. 8:27). ¿Quién es este hombre que sanó enfermos, echó fuera demonios, multiplicó el pan y hasta el cielo y la tierra le obedecen?

Jesús mismo los lleva hasta el límite de su confianza para que ellos no confíen en su habilidad, ya que ellos eran pescadores y lo que mejor sabían hacer era navegar. Pero Jesús los lleva límite donde todo esta fuera de control y se imaginaron un futuro trágico.

De las misma manera creo que Dios permite que algunas circunstancias que vivimos nos lleven al límite, para darnos cuenta en donde está depositada nuestra confianza, ya sea en un trabajo, en una persona, en la familia o en nuestras posesiones.

Somos reconocidos por decir que confiamos en Dios, pero son esos momentos de lucha, donde todo esta fuera de control, los que nos dejan ver en donde esta depositada nuestra confianza.

Al final de la historia Jesús  les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? (Mt 8:26). Aquí Jesús nos enseña a no temer a las circunstancias que estemos atravesando y a depositar nuestra confianza en Aquel que puede detener el viento y el mar. Dios nos dice que planes para nosotros son buenos con el fin de darnos un futuro lleno de esperanza, y que de todo lo malo que sucede siempre habrá algo bueno.

No podemos dejar de lado que en medio de la tormenta Jesús estuvo con ellos, tal vez fingiendo su sueño profundo, esperando que sus discípulos lo llamaran en busca de auxilio. No dejemos pasar esta oportunidad de buscar primero a Dios en medio de la tormenta confiando que todo lo que sucede en nuestra vida, Él lo usa para el bien de nosotros.

Porque yo sé los planes que tengo para vosotros, planes de bienestar y no de calamidad, para daros un futuro y una esperanza.

Jeremías 29:11

DISPLAY_ULTIMATE_SOCIAL_ICONS

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *